Un instante de la imagen de video del accidente de Corchito Zavaleta en Palm Beach; la yegua cayó y lo aprisiona contra el piso, dañándolo gravemente.
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Una de las canciones más lindas de Foo Fighters tiene una estrofa que dice “aprendiendo a caminar de nuevo”. “Walk”, se llama el tema en cuestión. Una metáfora del sacrificio, el no darse por vencido, el volver a empezar. Para Clemente Zavaleta (n.), Corchito, no tiene nada de alegórico. Literalmente, a los 36 años tuvo que aprender de nuevo a caminar. Ocho meses después de un accidente que no estuvo lejos de costarle la vida, no sólo aprendió a caminar sino que además se lo ve radiante por Palermo con una gorra de La Hache, y ya piensa en el regreso: “La idea es jugar prácticas en diciembre y volver a competir en mayo. Mi objetivo es volver a jugar. Mientras pueda y en lo que pueda”.

Corchito no pudo estar en la cancha por La Hache, el equipo del que iba a ser parte y que terminó clasificándose para el Argentino Abierto, pero el simple hecho de moverse a pie por el predio de Palermo vale mucho más que hacer un gol, que levantar una copa. Hasta dan ganas de abrazarlo. En marzo sufrió un accidente jugando al polo en Palm Beach y casi no lo cuenta. Estuvo dos meses internado en coma inducido y soportó varias intervenciones quirúrgicas. Cuando salió, tuvo que atravesar una dura rehabilitación. Jamás perdió la esperanza, jamás se rindió. “Cuando el médico me dijo que no iba a poder volver a jugar, me compré dos cascos”, recuerda.

Un instante de la imagen de video del accidente de Corchito Zavaleta en Palm Beach; la yegua cayó y lo aprisiona contra el piso, dañándolo gravemente.

Hoy se le ilumina la cara cuando relata que recientemente volvió a taquear. Sábado tras sábado se lo ve en los palenques de la cancha 2 colaborar con La Hache, mirar el siguiente partido en la tribuna C de la 1 y luego disfrutar del post partido en el Beer Garden, aunque todavía no puede tomar alcohol. “Estoy ayudando a La Hache desde que empezó la temporada, porque un poco armé el equipo con Hilario [Ulloa] el año pasado. Entonces ahora acompaño, lo ayudo con caballos y me dejan participar”, explica. “Está bueno. Duele saber que no juego. No por no jugar, sino por la razón por la que no juego. Aquello por lo que pasé. Pero La Hache me incluye mucho y me hace sentirme parte del Abierto”.

–¿En qué etapa de la rehabilitación estás? Recientemente se te vio en las redes sociales subido a un caballo…

–Hablé con el neurólogo y me dio el “listo” para empezar. El miedo que yo tenía era a sentirme raro. Obviamente no tengo las piernas ni el estado, pero me sentí normal. Me subí al caballo, di dos vueltas, me sentí normal y me fui a taquear. Dije: “si la toco dos veces estoy como antes”. Y la toqué dos veces [se le ilumina la cara]. Me falta todavía para volver, pero por lo menos la sensación fue buena.

Una escena del partido entre La Aguada (de blanco) y Alegría/La Irenita, que descendió tras su derrota en Palermo.

Clemente Zavaleta (n.), defendiendo en una de sus participaciones en el Campeonato Argentino Abierto, por Alegría/La Irenita y contra La Aguada. (Sergio Llamera/)

–O sea que ya estás plenamente recuperado…

–Para lo que hago hasta ahora ya estoy bien. Trabajé mucho eso. Hago gimnasia todos los días; hice una rehabilitación larga. Empecé en el hospital, cuando me dieron el alta, y después en casa, con mi entrenador privado, José Marín, durante julio, agosto y septiembre, y cuando me vine acá [Argentina]. Lo practico y ya me siento con fuerza. Lo que sí me falta es piernas. Eso es cuestión de andar a caballo, nomás. Ando todos los días, pero ya va a llegar. En todo lo demás me siento perfecto.

Hasta puede sorprender que se sienta tan bien. Cuando ocurrió lo que ocurrió, hace ocho meses, la perspectiva no era alentadora. Un coágulo en la cabeza, una lesión en el tronco del cerebro, varias costillas fracturadas, un pulmón sangrante. Cuadro estable, pero crítico. Coma inducido, y a rezar. A todo esto, Corchito no tenía ninguna culpa en lo que había pasado. No había sido imprudente ni brusco en la jugada maldita. Simplemente, su yegua hizo un mal movimiento y se desplomó. Los cerca de 450 kilos del animal comprimieron a Clemente, e hicieron el desastre que hicieron.

Isabelle Strom y Clemente Zavaleta (h), juntos

La amazona francesa Isabelle Strom es la esposa de Zavaleta y estuvo siempre junto a él en los tiempos más difíciles. (Soledad Rubio/)

“Por suerte no me acuerdo de nada. Recuerdo hasta el día anterior, pero de ese día, nada. Tengo memoria a partir del día en que empecé a hablar. Sí me acuerdo, y cada vez voy recordando más, de cosas que decían delante de mí los doctores. Me levanté y estaba todo enchufado. Fue el día en que Isabelle me trajo a mis hijas”, narra hoy, en el Campo Argentino de Polo. Isabelle Strom es su mujer. Francesa, amazona. “Ese día empecé a hablar. Nadie sabía por qué de un día al otro había empezado a hablar normalmente. Desde ahí tengo memoria. Sabía que algo estaba mal. Había estado consciente, pero nunca entré en pánico. Para mí, yo estaba enfermo. No sabía dónde estaba, pero sabía que estaba enfermo”, detalla. Aquél fue el punto de partida de la mejora grande.

Grande pero paulatina. Zavaleta no supo en seguida qué había sucedido. Todo –información, ejercicios de rehabilitación– debió ser suministrado en dosis. Cuidadosamente. Por eso Corchito tardó un tiempo en enterarse de lo que él mismo había protagonizado. “Me costó mucho. Cuando me fui de Wellington a Atlanta para hacer la rehabilitación se me acercó un psicólogo… Mi mujer me lo decía de a poquito. No fue fácil. Más o menos a mediados de mayo empecé a tener un poco más de realidad. Tampoco me acuerdo tanto. No estaba tan consciente. Me acuerdo de algunas cosas, como cuando empecé a hablar, pero no tengo memoria de todo el día. Estaba siempre durmiendo, me cansaba, no podía moverme”, expresa en las tribunas de la cancha 1. De no mediar el accidente, ahora podría estar del otro lado de la tabla, protagonizando el máximo certamen del polo.

Clemente Zavaleta La Irenita

Volver a empuñar un taco, pero en una cancha y competitivamente, es un anhelo de Clemente. (Fernando Massobrio/)

Del cuello asoma una cicatriz, resabio de la traqueotomía. Una de las complicaciones que sufrió durante la internación fue una infección en el pecho, producto de la fractura en las costillas y la lesión pulmonar. Y para colmo, lo atacó un virus intrahospitalario. Aquel jueves 17 de marzo, Corchito, hijo del ex polista Clemente Zavaleta y de María Emilia Fernández Rousse, una de las Trillizas de Oro, sufrió la dura caída jugando la World Polo League en Palm Beach, Florida. El helicóptero que lo llevó al Saint Mary’s Medical Center, de West Palm Beach, tardó unos 15 minutos en aparecer en la cancha.

Un abrazo a su papá, “Corcho”, y la alegría de su mamá, María Emilia Fernández Rousse. (Instagram/)

Los coágulos en la cabeza requirieron de varias operaciones para descomprimir. A Corchito le quitaron un hueso de la cabeza para eso; en otra intervención se lo repusieron. “Tengo una cicatriz que va desde acá hasta acá”, muestra, dibujando un círculo en la cabeza. Cuando se estabilizó, fue llevado al Shepherd Center, de Atlanta, especializado en lesiones cerebrales y espinales, para la rehabilitación. Tuvo que aprender de nuevo a caminar, a comer y casi hasta a hablar. Por un buen tiempo había perdido la capacidad de comunicarse oralmente. “Un día en el hospital Isabelle me dijo que al otro día me traía a mis hijas si les hablaba, y así, de un día al otro, volví a hablar”, alude a Olimpia y Asia, de seis y tres años, respectivamente.

“Antes que nada quiero agradecer a mi mujer, que me acompañó en todo momento. Hizo toda la rehabilitación conmigo. Ella también aprendió a caminar, conmigo. Estuvo en todas las reuniones con los psicólogos, con los neurólogos. Estuvo un mes durmiendo en el hospital al lado de mí. Me acompañó desde el día uno hasta que volví a Francia”, destaca Clemente. Por supuesto, tiene más seres queridos por mencionar. Hubo muchos ahí, firmes al pie del cañón. “Quiero agradecer a mis padres y a mis hermanas por la forma en que me acompañaron, y a mi familia política, que se ocupó mucho de mis hijas. Eso me ayudó mucho. Y a mis amigos, que se portaron impresionantemente. Me hicieron muy bien y siguen aguantándome. Ellos saben quiénes son. Hubo mucho cariño de la gente. Fui viviendo eso después, y lo veo ahora y me hace muy bien. Tengo mucha gente a la que debo agradecer”, subraya. Se complace al recordarlo. Y agrega a alguien particular a la lista de su gratitud.

Asia, de tres años, y Olimpia, de seis, son las hijas de Corchito e Isabelle.

Asia, de tres años, y Olimpia, de seis, son las hijas de Corchito e Isabelle. (Gentileza Clemente Zavaleta (h) /)

–Hubo muchas muestras de afecto…

–No lo viví, pero me contaron. Fue impresionante. Mensajes de gente que no conozco… Ni hablar de la comunidad del polo; fue impresionante lo que hizo. Pero toda la gente. La verdad es que es muy lindo. Todavía entra gente a mi casa, se emociona y me abraza. Me hace muy bien. Y tengo que agradecer a Dios también. Le pedí tanto, y ahora que estoy casi perfecto, casi me olvido…

Así fue. El ambiente de su deporte se conmovió, y se movió, por su caso. Se formaron cadenas de oración, a esa altura ya multiplicadas en la comunidad del polo por las convalecencias de otros accidentados recientes: Guillermo Willington, Diego Araya, Pedro Heguy, Tomás Dartiguelongue, Juan José Araya… “Son casos distintos todos. Algunos, por los caballos; otros, por alguna jugada peligrosa, o por un jugador peligroso. Lo que pasa es que cada vez somos más los que jugamos. Hay mucho más polo que antes. Me parece”, reflexiona Zavaleta. Lo que no tiene claro es si los últimos cambios de reglas jugaron algún papel en tanto infortunio en poco tiempo: “No, no sé. No está bueno que pasen estas cosas, pero son distintas. Siempre se trabaja el reglamento para proteger a los jugadores. Si se puede evitar, buenísimo. Pero no puedo opinar. Cuando vuelva y esté jugando, te digo”.

Ruiz Guiñazú y los hermanos Zavaleta, tres debutantes en La Irenita

Con Juan Ruiz Guiñazú y su primo Juan Martín Zavaleta, cuando compartieron La Irenita en el primer Abierto de Palermo para Corchito. (Mauro Alfieri/)

Además de oraciones y preocupación, por Clemente hubo una exhibición de alto handicap en Estados Unidos, para recaudar fondos en pos de su recuperación. Fue un partido de estrellas, por la “Zavaleta Perpetual Cup”: Facundo y Gonzalo (h.) Pieres, Pablo Mac Donough y Cristián Laprida (h.), Pilot, y Juan Martín Nero, Bartolomé Castagnola (h.), Hilario Ulloa y Juan Britos, por Park Place. No pudieron estar, en recuperación de sendas operaciones, Adolfo Cambiaso, Nicolás Pieres ni Pablo Pieres. Pero hasta los patrones de equipos (Marc Ganzi, Curtis Pilot, Andrey Borodin) contribuyeron.

Todo sumó. Y la rehabilitación funcionó. Fue lenta, por supuesto, pero ahí está Corchito, sano en la platea C y con la meta de regresar a la acción. “Por suerte, cuando estaba aprendiendo de nuevo a caminar, no era tan consciente de lo que había pasado. En ese momento los objetivos eran cortitos: caminar dos pasos, aprender a vestirme… Tratar de hacer lo que físicamente uno podía. Y siempre terminaba cansado. Entonces, me dormía. Por suerte. De a poco me recuperé. A fines de mayo me dieron el alta”, narra el habitualmente número 3. Y entonces, quedaba por delante lo mejor: “Tenía que alquilar una casa para hacer la rehabilitación en otro lugar, y cuando la cabeza me dejó, viajé a Francia, donde estaban mis hijas. Estuve un poco con el equipo y volví de a poquito a la vida. Entre agosto y septiembre empecé a darme cuenta de lo que me había pasado”.

–¿Cómo cambió tu vida después de un hecho así?

–Mi mujer, Isabelle, y mis hijas pasaron a tener más prioridad. En el resto, no cambió. No es que sea mejor persona ni nada. Sigo siendo yo.

“Mi mujer, Isabelle, y mis hijas pasaron a tener más prioridad”, señala Zavaleta como único cambio en su vida a partir del accidente que puso en serio riesgo su salud. (Gentileza Clemente Zavaleta (h) /)

–¿No te da miedo volver a jugar?

–No, para nada.

–¿Volviste a ver la jugada?

–No. Todavía no. No tengo mucho que sacar. Ya está. Lo que pasó, pasó. Ahora hay que mirar adelante.

¿Y en adelante? ¿Qué viene en la vida de Clemente Zavaleta? “Recién estoy taqueando. La idea es jugar en diciembre prácticas y volver a competir en mayo. Mi objetivo es volver a jugar. Mientras pueda y en lo que pueda”, proyecta. Si con voluntad propia y cariño ajeno venció a semejante percance, Corchito bien puede ser otra vez un polista de alto handicap.

La traqueotomía es una huella en el cuerpo de un polista que hoy, ocho meses luego del percance, se siente completamente sano.

La traqueotomía es una huella en el cuerpo de un polista que hoy, ocho meses luego del percance, se siente completamente sano. (Hernan Zenteno/)

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