Los duendes, otros personajes muy presentes en las viñetas de Liniers (Foto: Liniers).

Para saber en qué anda Liniers, uno de los mejores humoristas gráficos de la Argentina, basta con asomarse a las páginas de Macanudo. Es cierto que sus tapas para revistas como The New Yorker, y su premio Eisner, “el Oscar de la historieta”, que ganó en 2018, son noticia, así como es sabido que el dibujante vive desde hace un tiempo en Estados Unidos, donde, además de dibujar, da clases sobre historieta latinoamericana.

Pero es entre las viñetas de Olga, Fellini, Enriqueta, entre duendes y pingüinos, donde aparece ese conejo que cada tanto comenta la vida, su vida. En un bosque de Vermont, abrigado para atravesar los largos inviernos con 20 grados bajo cero, entre árboles, lagos y animales salvajes, mirando al Barça con su perro Elliot, compañero de género, en una casa con esposa (Angie) y tres hijas mujeres.

Leé también: Entrevista a Liniers; un personaje poco “común”

Macanudo cambia muchas veces, no es una historieta sobre algo, sino un diario personal mío. Si se murió mi abuelo y estoy triste, está ahí en forma de pingüino, Igual con mis hijas. Ahí está todo lo que me va pasando también, lo bueno, lo malo… Cada tanto me llaman amigos, preocupados: ‘che, Ricardo está todo bien? medio rara la tira últimamente, ¿no?’”, cuenta.

Después de más de dos años, y pandemia mediante, Ricardo Siri está reencontrándose con los sinsabores de volver a Buenos Aires. Después de presentarse en la Feria del Libro, disfruta el reencuentro con amigos y familia, se impresiona un poco con cierta brusquedad cuando prende la tele. Casero golpea una mesa y Baby Etchecopar hace un standup de insultos, “como si alguien tirara de la cadena encima mío”. Es que Liniers viene de ese bosque en el que ha logrado el sueño, la envidia de sus colegas: un lugar donde dibujar y ver crecer a sus hijas en un entorno ideal.

Los duendes, otros personajes muy presentes en las viñetas de Liniers (Foto: Liniers).

Estoy como Caperucita Roja y, de repente, me encuentro con el lobo y todo se pone intenso”, dice, sobre la experiencia de volver. “Tiene ojos grandes, dientes grandes, y yo llego con mi comidita en mi canastita. No estaba tan acostumbrado a la intensidad, pero la verdad es que todo el planeta está intenso. Siempre nos dan ganas de pensar que somos nosotros, pero andate a Francia, andate a Ucrania. Sólo se puede relajar un poco si uno se escapa de las ciudades”, asegura.

Liniers y su decisión de irse de Argentina

Sobre emigrar, Liniers explica: “Lo lindo de dibujar historietas ahora es que solo necesitás un scaner y wifi, (muy importante). Fontanarrosa tenía que contar con el tipo del correo que le llevara el dibujo. Es la libertad que un día decidimos aprovechar, con mi mujer. Vivimos un tiempo en Canadá y ahora estamos en un lugar llamado Vermont, con Bernie Sanders. Un lugar que hace un tiempo no sabía qué era. Nos fuimos en buenas condiciones, porque pudimos seguir con todo desde allá. Aún así, no fue fácil, pero valió la pena. Tenemos solo una vuelta a la calesita, Mariana, y hay que aprovecharla”.

Liniers es uno de los mejores humoristas gráficos de la Argentina (Foto: Daniel Raichijk).
Liniers es uno de los mejores humoristas gráficos de la Argentina (Foto: Daniel Raichijk).

-Hay mucha literatura acerca de la distancia con la Argentina, escritores que vivieron exilios, aunque también ilustradores.

-A los argentinos nos va bien cuando nos vamos, sea Messi, Cortázar, Quino o el Papa. Es feo que me ubique entre ese grupo pero, aún muy de abajo, en un momento rajé. Entre los dibujantes hay muchos a los que no les quedó otra: Altuna, José Muñoz… Cuando desaparecieron a Oesterheld, Solano López también agarró todo y rajó. Y ni hablar de Daniel Divinsky, mi editor de De la Flor, al que metieron siete meses preso por publicar un libro infantil. Y toda La Urraca, esa caterva de seres humanos que hacía una maravilla de humor, Satiricón, Humor: ahí empecé a pensar diferente. Siempre me consideré muy afortunado porque no hubo ni el tufillo de eso en mi vida profesional, nunca tuve que pensar si lo que hacía podía enojar a alguien. En ese sentido hay que agradecer a esas generaciones anteriores. Argentina generó siempre un nivel de humorismo, gráfico o lo que sea, muy raro y diferente. Si vas a Colombia, a México y a España, ves que oyen Argentina y paran la oreja. Yo aprovecho eso, como si estuviera a ese nivel.

-¿Y porqué creés que no continuó esa tradición?

Me parece que estamos un poco vagos, apoyándonos en la personalidad de alguien. Fantino, Baby Etchecopar, basta con una personalidad rimbombante. No hay guiones, no hay ideas, no hay arte. Es barato, y no debe ser fácil competir en la televisión, pero cuando se deja de hacer el esfuerzo, ¿para qué hacerlo? Tipos como Tato Bores, Olmedo, Casero y Fabio Alberti, en Cha cha cha, eran cabezas diferentes, comediantes increíbles y la TV los aprovechaba.

No sé porqué no ha habido una continuidad, porque en otros ámbitos sí hay una búsqueda, en el cine, en la ficción, en la literatura. Seguimos generando una cultura interesante, pero por algún motivo la TV dejó ir eso. Creo que es una cuestión de negocios. Hablo a veces con gente de la tele y me dice que si apuestan a algo le ponen enfrente tres panelistas y no puede competir. Además, no es fácil hacer humor. Es de gente rara. Y exige esfuerzo y trabajo. Es más fácil poner al tipo con personalidad a soltar malas palabras.

Enriqueta, uno de los personajes de Liniers (Foto: Liniers)
Enriqueta, uno de los personajes de Liniers (Foto: Liniers)

-Vos hacés humor y tenés una personalidad, rompiste ese estereotipo del humorista gráfico amargado…

-Tímido, más que amargado. Para adentro. Es que dibujamos así, encogidos sobre nosotros mismos, en el colegio. Éramos tímidos. La excepción es Fontanarrosa y Maitena, los dos graciosísimos. A mí me ayudó Kevin Johanssen, cuando me dijo que la fiesta era en el escenario, donde estaba la gente bailando. Le tuve confianza, porque es un buen tipo, y al final me subí al escenario y me relajé, ahora es casi peor. Estoy con Alberto Montt, pensando que si funcionaba música y dibujo podía funcionar standup y dibujo, así que lo intentamos, y seguimos intentándolo.

-Hay una poética particular, una materia delicada, en Macanudo, que ya va por el volumen 15, que a veces toca fibras muy profundas. Una sensibilidad que parece darse de bruces con la brusquedad de las noticias diarias. ¿Tuviste que alejarte para preservarla?

-Es que uno trabaja con el contexto. Y el contexto de un diario es brutal, nos levantamos y leemos una serie de patadas. Y un diario buena gente te pone al final una serie de raros que te dicen bueno, no está todo tan mal. Mi propuesta fue rara y la gente de La Nación fue muy generosa, porque no estaba obligado al chiste, a que hiciera plop en la última viñeta. Y lo tomé como una columna. Si hay un día en que me siento gracioso sale gracioso, y si quiero decir algo para afectarte emocionalmente, lo pongo también ahí. Cuando hacés humor y la gente busca algo que no está ahí, se enojan mucho. En cambio, si el chiste es malo no se enoja nadie. Si decís: “cuál es el colmo de un bombero? tener una hija manguera”, es un chiste malísimo, que escuchaste mil veces, pero nadie se enoja. Pero cuando vos hacés una tira, y no hay momento plop al final, a la gente la pone muy mal.

"El fantasma del faro" explora el género detectivesco juvenil (Foto: La Editorial Común)
“El fantasma del faro” explora el género detectivesco juvenil (Foto: La Editorial Común)

-Además seguís trabajando con tu mujer, Angélica del Campo. Acaba de publicarse El fantasma del faro, una novela gráfica para primeros lectores.

-Sí, cuando pasó lo del covid, nos preguntamos por qué no hacer algo juntos, que básicamente es como ponerle una bala al revólver: o se perdía una familia o aparecía un libro. Por suerte, apareció el libro. Llevamos años trabajando juntos, tenemos una editorial, los dos trabajamos en casa, pero al hacer algo creativo hay una tensión. Estamos contentos. Yo recuerdo cuando de chico terminabas de leer un Asterix, o El Eternauta, esos primeros éxitos de lector, en la infancia, y sería lindo que alguno sea con este, con El fantasma del faro. Que me permite explorar otras cosas, porque siempre que laburo afuera de Macanudo quiero que sea distinto. Con Montt es un humor más ácido, con esto con Angie es distinto, con Kevin usaba pinturas, con Mario Bellatin (publicaron juntos Bola Negra) sale otra cosa.

-Sin entrar en el tema de las cancelaciones, los humoristas gráficos no zafan de comentar acerca de los límites al humor, en tiempos de la cultura woke. ¿Cómo te llevás con eso?

El humor existe en todos los contextos, inclusive en los peores, pero tenés que saber con quién estás hablando. En una sala de espera con alguien enfermo, necesitás descargar con humor. En los velorios hay humor, lo que pasa es que no tenés que hacer chistes con la viuda, sino con la gente del fondo, que no son tan amigos. A ellos les podés comentar “mirá qué tranquilito está hoy”, pero no a la viuda. Uno siempre tiene que interpretar, porque la idea de cualquier humorista es hacer reír al otro. Nadie quiere hacer un chiste para que el otro se enoje. Somos siete mil millones de personas, todos pensamos cosas que ofenderán a alguien, y nadie tiene derecho a prohibir ofenderse, lo lamento en el alma.

A mí me han ofendido mil millones de cosas (el otro día, Baby Etchecopar, sin ir más lejos). Pero yo no tengo derecho a que nadie nunca se me ofenda en la vida. Y eso cuenta para todo. El humor va a los límites, es su trabajo. Vas a la frontera de lo que se puede decir y lo que no, y cuando llegás, hacés reír a alguien. Algunos quieren ir muy lejos en ese frontera, como Charlie Hebdo, y otros quedan más cerca, como Landriscina. Y está todo bien. Si queremos vivir en una sociedad de libertad de expresión absoluta, que para mí es la única que nos queda, cuando no te gusta uno que hace esos chistes, no lo vayas a ver. Nadie te obliga.

-En el último tiempo viviste dos situaciones mezcladas con la política. Cuando defendiste a Nik frente al comentario de Aníbal Fernández, y se armó como una discusión tuitera con Tute…

-Si hubiera sido Patricia Bullrich siendo ministra, y diciendo algo sobre el colegio de las hijas de Nik, hubiera dicho lo mismo. No soy muy amigo de Nik, ni lector de él, pero soy su colega y lo hubiera dicho por cualquiera de ellos, por Tute, o por Max Aguirre, por cualquiera. Sentí que tenía que decir algo porque tenemos que empezar a entender que una institución es una institución, y si estás en un lugar de mucho poder, no podés comentar sobre el colegio al que van los hijos de nadie. Sobre todo si sos parte del Estado, porque este país tiene mucha historia en la que el abuso de poder por parte del Estado ha llegado a ser muy terrible. A Tute lo amo, es alguien que tiene la suerte de tener tinta china en las venas, es lindo que ese ADN tinta siga dando vueltas, y Tute encontró un forma muy especial de hacer su laburo, sus novelas gráficas, por la libertad con que labura y los temas densos con los que se mete, son un placer.

Liniers suele hablar sobre su vida en las historietas de "Macanudo" (Foto: Daniel Raichijk).
Liniers suele hablar sobre su vida en las historietas de “Macanudo” (Foto: Daniel Raichijk).

-El otro episodio fue tu dibujo viral para Ni una menos, con Enriqueta llamando a la manifestación.

-Sí, tengo una relación compleja con ese dibujo. Me lo pidió Florencia Etcheves para la marcha. Yo justo estaba de viaje, y pensé que estaba bueno para que los lectores de Macanudo se enteraran y fueran, pero no esperé ese rebote viral, vincha, gorra y remera. La razón por la que existe es horrible, no puede ser que a esta altura del siglo existan chicas asesinadas por un tipo que les dijo que las quería. El dibujo no arregló el problema, que no cambia. Incluso hubo gente ofendida, desde el feminismo. Me dijeron que yo veía a todas las mujeres con osito, porque Enriqueta sostiene un osito. No sé, es mi personaje, tiene un osito, mis hijas tienen un osito. Me pareció que el solo hecho de poner en el contexto de una marcha como esa a un personaje que está con su osito, sus libros, su gato, tenía una cosa contradictoria que le daba fuerza.

El dibujo que Liniers hizo para la marcha #NiUnaMenos (Foto: Liniers)
El dibujo que Liniers hizo para la marcha #NiUnaMenos (Foto: Liniers)

-Hablando de ofendiditos, estás viviendo en Estados Unidos, el epicentro del ofendidismo. ¿Cómo lo llevás?

-Sí, vivo en Ofendidos Unidos. Es muy difícil, hay algo del ofendido que es una performance para demostrarse algo a sí mismo. En esa cultura hay dos posibilidades. La opción uno es pedir disculpas, lo que le pasa a Matt Damon, a Lin-Manuel Miranda, que son buenos tipos, gente que quiere aportar al mundo algo que lo mejore, y, si los acusan de algo, enseguida salen a pedir disculpas. Yo fui a ver Hamilton y es increíble, una obra sobre los que hicieron ese país diciendo que éramos todos iguales cuando todos tenían esclavos. Miranda puso actores negros y latinos a hacer de esto, y abrió una puerta de una patada. Pero ahora, cada vez que hace algo que mínimamente se va de la línea, tiene que salir a pedir disculpas.

Lin-Manuel Miranda es el creador de "Hamilton" (Foto: Evan Agostini/Invision/AP).
Lin-Manuel Miranda es el creador de “Hamilton” (Foto: Evan Agostini/Invision/AP).

La otra opción es Ricky Gervais, o Quentin Tarantino, que cuando les dicen que los van a cancelar se encogen de hombros, no les importa nada.ni una, que se sienten moralmente superiores.

Creo que no hay que comparar para abajo. ¿Somos más evolucionados que nuestros abuelos? Sí, hay una evolución, pero si vas para el otro lado, es trampa. Esta generación de jóvenes, que han llegado a la conclusión de que piensan todo bien, un día va a tener nietos. Y el nieto les va a decir: “abuela, ¿qué es esta foto suya con un filtro de conejito? ¿usted se la sacó con un teléfono que hacían niños en la China, con materias primas robadas de África? Abuela, ¡usted es medio nazi!”. Todos tenemos puntos flacos. La evolución de la sociedad que a mí me gusta está pasando. Si mirás cien, quinientos años para atrás, fuimos aprendiendo lecciones. Hasta llegar a esta generación que se siente superior, pero ya les va a tocar.

Mirá la nota completa en nuestro canal de YouTube

Leave a Reply