Comer a oscuras, la propuesta de Teatro Ciego

Salir. Probar. Experimentar. Sin dudas la ciudad de Buenos Aires puede ser un gran laboratorio de experiencias para quienes eligen el camino de lo disruptivo. Luego de tanta virtualidad inmóvil, llegó la hora de poner el cuerpo. Desde comer en completa oscuridad, hasta casarse como en Las Vegas con Elvis o Marilyn Monroe oficiando de jueces de esa unión, pasando por la adrenalina de romper botellas de vidrio, monitores y plasmas con un bate de béisbol o sumergirse en bloques de hielo para lograr bienestar físico y mental. Y por qué no, animarse recorrer Buenos Aires imaginando que se escapa de una terrible plaga, o buscar el amor en microcitas de 10 minutos. Incluso, jugar a “la guerra” en un predio de 2000 metros en pleno barrio de Núñez. Todo es posible. Basta con animarse. Aunque la búsqueda es distinta, cada una de las experiencias tienen una raíz común: salir de los estereotipos, romper con la rutina y probar aquello que la mayoría no se anima a hacer.

Arriesgarse. Confiar. Y degustar. De todo eso se trata la experiencia de comer en la oscuridad mientras se participa, casi como un extra, de una obra de teatro. Teatro Ciego tiene entre sus muchas experiencias la de cenar en completa oscuridad (no se vendan los ojos, la foto es solo en carácter ilustrativo), y disfrutar de una obra de teatro en la que solo se escucha lo que sucede mientras se perciben movimientos de personas que pasan cerca.

“La obra es de humor y música en vivo. El asistente se sienta en una mesa y espera por la comida: un menú de pasos preparado para ser degustado en la oscuridad.
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Cada bocado tiene un sabor, textura y forma distinta. Lo interesante es adivinar de qué se trata cada paso. Y en simultáneo está la obra, ambientada en un bar. Por eso las personas del público son como extras de esa obra”, explica Martín Bondone, uno de los creadores y director general de Teatro Ciego.

Comer a oscuras, la propuesta de Teatro CiegoPATRICIO PIDAL/AFV

El aforo actual es de 42 personas (en tiempos prepandémicos era de 70) pero dada los organizadores dejaron esa base porque creen que la experiencia se disfruta mas. “El teatro inmersivo está en boga. Hay una necesidad la de experimentar, de hacer algo distinto. Somos el único teatro ciego a nivel mundial y estamos tratando de innovar, de hacer cosas más osadas porque el mismo público te va pidiendo hacer algo nuevo”, sostiene Bondone.

Con una duración de una hora 40 minutos, las funciones son de jueves a domingo. “La gente se conecta mucho con esto. Pero no es mainstream ni es algo para todo el mundo. Nuestro público es el que quiere algo diferente y se arriesga. Venir acá es un acto de confianza. No cualquiera se la banca. Tenés que entregarte a algo distinto, dejarte llevar y estar dispuesto a perder el control de la situación porque por ejemplo no sabés que estás comiendo, ni quién está alrededor. Estamos entrenados para lo audiovisual y codificamos a partir de eso. Y acá hay que sentir con el cuerpo”. Más información: www.teatrociego.org

Casarse con Elvis o Marilyn al frente de la ceremonia ahora también es posible en plena ciudad de Buenos Aires. Hace poco más de un año Javier Cababié y Pablo Ugarte, dueños de Tédelúpulo, un spa de cerveza, en Almagro, decidieron ir un paso más allá y trajeron al país el concepto de microcasamientos, siguiendo el modelo de Las Vegas, con una capilla y todo . “Nos propusimos ser una sucursal de esa modalidad para desarmar la idea de casamiento tradicional. En total hay seis personas (la pareja y cuatro testigos) que vienen a pasarla bien. Son pequeñas ceremonias, breves, de 40 minutos, en las que Elvis o Marilyn ‘los casan’. Este es un lugar de experiencias y esta es de las mejores que podemos ofrecer”, sostiene Javier. Mientras transcurre la ceremonia hay un límite muy fino entre le verdadero y lo falso. “El compromiso lo sentís verdadero, la gente se emociona mucho. Pero no hay un aval legal. Lo lindo es que aunque es un juego, se genera un clima copado, de celebración, sentís el típico cosquilleo”, asegura Javier, casado en únicas nupcias en su propia capilla.

La experiencia tiene tres momentos: unos masajes previos, la producción (se puede elegir entre varios tipos de vestuario y maquillaje) y la ceremonia. “Tu pareja no te ve hasta que te encontrás con ella en el altar –comenta Javier–. La ceremonia tiene música, canto, baile, votos de compromiso, torta y brindis. Además, hay un fotógrafo profesional que capta todo. Vienen muchas parejas casadas que renuevan sus votos y grupos de amigas que se casan entre sí. Todo dura unas dos horas”.

Desde que empezaron, se ‘casaron’ unas 250 parejas, a razón de seis por fin de semana. “En Argentina no hay nada similar”, asegura Javier, su creador. Más información: tedelupulo.com.ar

El wellness es una de las áreas en las que más se puede experimentar. Una de las opciones más novedosas es el método Win Hof (nombre de su creador) que consiste en sumergirse durante varios minutos en una pileta helada con agua entre 0 y 10 grados. La forma más habitual es agregando bloques de hielo para bajar la temperatura en una piscina. “El cuerpo necesita estrés limitado y contenido en el tiempo, es decir, que sea controlado. Cuando es así, hace bien. Es lo que pasa con el sauna, el ayuno o el trabajo físico extenuante. Cuando tiene principio y fin conocido, ahí el cuerpo lo tolera”, explica Marcelo Rodríguez, entrenador y coach nutricional, director de Indigo Fitness, que aplica esta herramienta entre sus alumnos. Según los adeptos a esta técnica, sumergirse en una pileta con hielo tiene beneficios a nivel inmune, mejora la tolerancia al frío, reduce el nivel de estrés, baja la presión arterial y desinflama. “En lo personal, lo busco para enfoque mental: te sumergís en agua helada y te olvidás de todos los problemas. Lo importante es no pelearnos contra el frio, sino pensar que es nuestro aliado.Lo más difícil es entrar, no aguantar. Después de los primeros 20 segundos, todo se vuelve más fácil”, asegura.

Mónica Jaramillo se sumerge en una pileta con hielo como parte de su rutina wellness
Mónica Jaramillo se sumerge en una pileta con hielo como parte de su rutina wellnessManuel Cascallar

Antes de entrar, hay una especie de ritual de iniciación: se pone música y se hacen distintos tipos de respiraciones. “Es un trabajo previo guiado: la música, el entorno, estar con otra gente, todo forma parte de la experiencia. Primero te metés un minuto, después, dos, y vas aumentando el tiempo progresivamente. No es que tenés que aguantar un tiempo determinado. Tampoco está bueno estar más de 10. Más tiempo no es sinónimo de mejor. Lo bueno es que los efectos de la inmersión en hielo duran en tu cuerpo entre 5 y 7 días. Y se potencian con baños fríos en casa”, sostiene Rodríguez, que dice que “busca brindar esta herramienta como parte de algo más integral y holístico que incluye actividad física low impact y alimentación consciente. “La mayoría de quienes se animan son mujeres de más de 30 años que están en la búsqueda de sentirse bien”. Más información:@indigofitnesstraining

Una casa detonada, dos habitaciones, bates de béisbol, botellas de vidrio, monitores, televisores y plasmas y una playlist a tono con lo que está a punto de suceder. The Break Club es de esos lugares donde uno va a descargar tensiones y emociones pero también a jugar a ser Hulk por un rato. Afianzados desde hace 10 años, lograron posicionarse en el circuito de experiencias extremas de la ciudad. “Este es un lugar disruptivo. Nos costó instaurarnos y salir de eso de que en su momento era una moda pasajera”, reflexiona Guido Dodero, el creador y director general.

Romper todo para hacer catarsis
Romper todo para hacer catarsis

Claro que el contexto poscuarentena no pudo ser mejor: tras meses de encierro y angustia, la gente se volcó con todo a la experiencia de ir a romper cosas. “Cuando reabrimos no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Las primeras dos semanas fueron tranquilas y después simplemente explotó, no hay lugar de acá a un mes. Había una clara necesidad de descarga, de liberar bronca. Después de lo que implicó la pandemia, necesitás hacer catarsis”, asegura Guido. Un host recibe al breaker y, tras una breve charla, le alcanza el mameluco y los elementos de seguridad (guantes, casco y antiparras) y le pregunta qué playlist querrá de cortina musical dentro del break room.

La novedad es que se puede hacer la experiencia de a dos (madres, padres con hijos, parejas, amigos y varios etcéteras) o solo. “Romper solo y romper de a dos son dos experiencias muy distintas. Si venís con alguien es más lúdico, te animás a hacer mas cosas, son cómplices en esto de destruir. Es como una salida. El que viene solo busca algo más terapéutico –distingue Guido–. Todos son turnos de una hora. De todas maneras, la liberación es la misma”. Cuando ya no queda nada para romper (son packs que se sacan con distintas cantidades de elementos a destruir) se pasa al living para volver a la calma y tomar una cerveza o gaseosa acompañada de algún snack. También hay un fichín para jugar, un pizarrón para escribir y cuadernos para dejar algún mensaje. “Yo siempre digo que acá te ponés en contacto con tu ‘yo’ animal, te sacás la máscara y te amigás con ese Hulk que todos llevamos dentro”. Más información: www.thebreakclub.com

Los juegos que proponen enigmas a descifrar siguiendo pistas se volvieron una alternativa de salida para los que buscan poner a prueba su ingenio. En general se realizan en salas de escape, pero los hay también en la calle, a cielo abierto, con escenarios reales. Conocidos como street games, se popularizaron post pandemia. The Hummingbird Trip propone escapar de una terrible plaga pasando por lugares icónicos de la ciudad. “Somos una agencia de turismo boutique y siempre trabajamos para extranjeros. Había una propuesta específica para ellos pero los locales nos pedían jugar también e inventamos uno para argentinos. Es un juego de escape a cielo abierto que transcurre en el casco histórico. Aunque parezca mentira, como locales, nunca vamos a esos lugares”, dice Loli Delgeri, creadora del juego que empieza y termina en Plaza de Mayo.

Juego de escape a cielo abierto organizado por The Hummingbird Trip
Juego de escape a cielo abierto organizado por The Hummingbird Tripgentileza

Los participantes pueden jugar en equipos de a 4 o 5 jugadores de más de 18 años y el gran rival a vencer (además de la plaga, claro) es el reloj. “Es una plaga espantosa que atacó Buenos Aires y hay que escapar resolviendo 12 enigmas. Para jugar tenés que bajarte una app que te contabiliza el tiempo y te va tirando las pistas o ayudas cada tanto, no es que podés pedirlas en determinado momento. Realmente es muy difícil, muy desafiante, porque tenés que ser rápido”. Los participantes reciben un kit con instrucciones y una guía con datos copados del recorrido y pueden elegir cualquier día de la semana para hacer el desafío en una franja horaria (de 9 a 16) y se cobra por equipo. Más información: www.thehummingbirdtrip.com

Un invento de un rabino de Nueva York que nunca pasa de moda y se replica en varias ciudades del mundo. Las citas rápidas de 10 minutos en bares han logrado sobrevivir incluso a la era de Tinder y demás apps de citas. O tal vez, justamente, porque logran congregar a personas algo desilusionadas de esa tecnología.

“Después de el furor de estas apps mucha gente descubrió que poder ver al otro, estar cara a cara, es mucho mas rico que likear fotos… Lo presencial no tiene reemplazo. Es otra cosa, es una experiencia única”, analiza María Hersilia, directora de Amor Ideal Buenos Aires, una marca española. Las citas rápidas volvieron en diciembre pasado a los bares de Belgrano, Palermo y próximamente, Vicente López. En un clima distendido, a cada persona se le asigna un número y va rotando de mesa en mesa. Después cada uno llena un formulario en el que indica si quiere que la persona con la que habló tenga su contacto y si hay match, entonces se pasa al celular. Justo al revés de lo que manda el ‘levante’ actual. Más información: www.amoridealbuenosaires.com

La dosis necesaria de adrenalina en el corazón de Núñez. El urban paintball es un juego que garantiza dos horas de acción y emoción en dosis iguales. Quienes lo practican en su faceta lúdica (también está la deportiva), aseguran que es como jugar al famoso videojuego Counter Strike pero en la vida real. En Buenos Aires se practica en un predio al aire libre de dos hectáreas con vista al río. “Es un juego de acción, de estrategia y de trabajo en equipo, pero también de lealtad”, explican en Urban Paintball Extremo, el predio ubicado en Núñez. ¿De qué se rata? Dos equipos de hasta 20 jugadores cada uno buscan cumplir un objetivo que fija el árbitro designado (puede ser juntar unas banderas o recuperar un muñeco) y cada vez que una bolita de pintura pega en un jugador, el mismo queda afuera del juego por un minuto. El equipo que logre primero el objetivo gana la partida que dura de 10 a 12 minutos. Después de un rato de juego, hay períodos de descanso pare recuperarse y seguir. Más información: www.urbanextremo.com.ar

Urban paintball en Núñez
Urban paintball en Núñez

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