Un joven practicando una salida de pared en la academia de Sebastián Mocoroa, en La Plata. Foto: Martín Bonetto

Ya no están los jeans nevados. Un dólar no vale ni cerca de un peso. Tampoco hay que esperar hasta el domingo a la noche para ver los goles en Fútbol de Primera. Y ni siquiera está Ritmo de la Noche para levantar la depre del crepúsculo del fin de semana. Si pensamos en los grandes hitos que marcaron los años 90 (a los que podemos sumar locutorios, remiserías, parripollos, la Renault Fuego y el Fiat Duna, “un peso pa’ la birra”) no podemos dejar afuera al pádel, el deporte rey de aquellos años de la Argentina. Y sus canchas, claro, que se transformaron en la gallina de los huevos de oro de todo aquel que tenía algunos pesos-dólares para invertir. Y, a la larga, en su maldición.

Los más exagerados dicen que en la Ciudad de Buenos Aires llegó a haber casi una cancha por cuadra, pero, en esa dirección, los especialistas afirman que la cantidad de jugadores superó los tres millones. El pádel es el Adiós Sui Géneris (ese recital en el que todos juran haber estado) de aquella icónica década en la que no todos viajaron a Miami pero casi todos agarraron una paleta para meterse entre seis paredes, cuatro alambrados y una red de por medio para subirse a la nueva ola que marcó la actividad física de la época.

Una explosión que se fue apagando y que, para el fin de la década que gobernó Carlos Saúl Menem en nuestro país, prácticamente desapareció. Al punto que, entrado el nuevo siglo, encontrar un turno para jugar al hijo menor del tenis se volvió casi imposible. Pero ya no por la demanda, sino porque las canchas prácticamente desaparecieron. Ahora, en esos espacios abiertos, hay edificios.


Un joven practicando una salida de pared en la academia de Sebastián Mocoroa, en La Plata. Foto: Martín Bonetto

La caída del hito de los 90

Está claro que en la pandemia perdimos todos. Pero, en cuanto a tendencia y resurrección, las grandes ganadoras fueron las canchas de pádel. En términos deportivos y de negocio, otra vez. Pero no fue un rescate vintage. Ahora, quizá las grandes responsables de la extinción del deporte (sí, las canchas) resurgieron renovadas con paredes de cristal y superficies de césped sintético. Es que, este deporte que aparecía como inofensivo y que “podía practicar cualquiera” fue desapareciendo por el daño que provocaba el impacto de jugar en aquellas pistas duras en sus jugadores que, en una gran proporción, superaba las cuatro décadas, o al menos las rondaba. ¿El resultado? Una generación de “veteranos” con problemas lumbares, tobillos rotos y rodillas destruidas.

La teoría es ratificada por alguien que sabe un poco del tema: “El cuerpo no estaba preparado para los giros, frenar y correr. Pero la explosión fue tan grande que cualquiera se puso a practicar el deporte sin estar preparado. Y ahí vinieron las lesiones en masa. También se le hizo una mala propaganda al pádel, sobre todo en Argentina”, nos cuenta Alejandro Lasaigues, un verdadero mito dentro de este deporte. Para algún desprevenido: Lasaigues fue número uno del ranking mundial durante diez años.

Alejandro Lasaigues ex número 1 del ranking mundial. Foto: Marcelo Carroll

Alejandro Lasaigues ex número 1 del ranking mundial. Foto: Marcelo Carroll

“Fue un deporte con una explosión impresionante. En los 90 venían medios extranjeros a filmar el fenómeno que se vivía en nuestro país”, sigue Lasaigues desde su flamante complejo de canchas del Hotel Sheraton de Retiro.

El exceso de oferta fue tal que el pádel perdió esa mística que da tener un turno fijo porque sino “la semana que viene no tenés lugar”. Y el juego entró en franco declive, al punto que en pocos años hubo tantas canchas como jugadores: “No tuvo un control medido en la década del 90, se hacían canchas por todos lados, se pensaba sólo en el negocio. En una manzana vos tenías tres o cuatro clubes. No se cuidó al deporte institucionalmente ni como un evento comercial y, después, a partir del 2000, tuvo esa baja importante en Argentina”, cierra Lasaigues.

Como una imagen de lo que vendría, las paredes de las canchas de pádel resultaron de cristal. Pero de uno muy fino y para el post-crisis de 2001 se derrumbaron. El pádel era cosa del pasado.

El renacer del pádel en los tiempos de Covid: de las viejas canchas a la pecera de cristal

Junio de 2022. El pádel vive una segunda primavera, renace. Las canchas proliferan como verdaderos brotes verdes. Y los jugadores se multiplican como en los viejos buenos tiempos. “Hoy, en la Argentina tenés casi cuatro mil clubes censados. Eso, sin contar las canchas privadas. Se estima un promedio de tres canchas por club, por lo que ahí tenés doce mil pistas. Calculá que habrá 1.000 canchas particulares más”, le cuenta a Clarín Lisandro Borges, uno de los responsables de traer el World Padel Tour a nuestro país y CEO de World Padel Center.

A pesar de la cantidad de complejos y canchas que se construyeron, hoy en Capital Federal y el Conurbano bonaerense, el deporte vive un verdadero fenómeno y es difícil conseguir un turno. ¿Por qué se da el resurgir del pádel a treinta años del boom que vivió en nuestro país en los 90? Dos claves. Punto uno: la nueva tecnología de las canchas parece ser el gran cambio. Punto dos: el pádel fue el primer deporte, junto al tenis, que se abrió después de la cuarentena, lo que terminó de subir a su nueva ola a los que aún no se habían anotado.

Una vista aérea del complejo Raid, en Deireaux.

Una vista aérea del complejo Raid, en Deireaux.

La sensación de jugar en una pecera de cristal, sumado a que los pisos de cemento fueron reemplazados por carpetas de pasto sintético que ya no provocan tantas lesiones, quizá sea una de las claves: “La nueva tecnología de sintético cuida el cuerpo de los jugadores y ayuda mucho más a las articulaciones, lo que desterró totalmente el mito del pádel y las lesiones. Por eso, estamos en presencia de un deporte que está en pleno crecimiento”, le cuenta a Clarín Esteban Genoud, jugador y gerente de ventas de Look Pádel Courts, una empresa que se dedica a la construcción y montaje de canchas.

Vale decir que en el interior del país el nuevo boom del pádel no es diferente. Y no todo es con vistas al negocio, todavía quedan algunos románticos. Es el caso de Pablo Sánchez, más conocido en sus pagos como El Mosca, que tenía un campito de 47 hectáreas en Daireaux, a 400 kilómetros de la Capital y casi al límite con La Pampa, lo que le aseguraba un buen pasar con solo alquilarlo… Pero el hombre arriesgó su capital en pos de un anhelo: “Yo soñaba con tener una cancha desde el 88, cuando pusieron una de las primeras del pueblo frente a lo de mis viejos. Un día, me encuentro con el de la inmobiliaria: ‘Che, ¿cuándo me conseguís un terreno de veinte por cuarenta para hacer una cancha de pádel?‘. Y arranqué con una de cemento, lejos del casco urbano. Cuando estaba levantando las paredes, venían mis amigos y movían la cabeza: ‘No, vos estás loco, cómo vas a quemar la guita en esto. Te vas a fundir…’“.

Sánchez arrancó con un objetivo: “Yo necesitaba cinco o seis turnos por día y vender alguna paletita. En mis cálculos, si hacía 30.000 pesos por mes, la apuesta me servía porque yo tenía otro negocio de pesca. La cosa es que, el primer finde que abrimos, hicimos la plata que esperaba en un mes. Hoy estamos todo el día en la cancha: arrancamos a las 9 de la mañana y cerramos a las 2 de la madrugada”.

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La apuesta de El Mosca resultó tan bien que a los seis meses compró otro terreno y otros seis después armó la cancha de blindex. Hoy, Sánchez tiene un complejo con tres pistas en Daireaux, una de ellas profesional con todos los requisitos reglamentario, tanto que es sede en una fecha del circuito de la Asociación de Jugadores de Padel Profesional (AJPP).

“El negocio no para de crecer, hay cada vez más clubes y cada vez más jugadores”, dice Sánchez. Es que, el boom del pádel se replica en toda la zona. Pequeños pueblos como Daireaux y Henderson armaron un circuito que arrancó con 134 jugadores registrados y hoy supera los 800. Este último pueblo tiene 9 canchas para una población de 15.000 habitantes. Otros poblados como Bonifacio, de 5.000 habitantes, cuentan con cinco canchas. Y el fenómeno se replica en cada ciudad de la provincia de Buenos Aires.

“Esta vez, el pádel llegó para quedarse”, apuesta Sánchez que se convirtió en un difusor y defensor a ultranza de la actividad. La paradoja: el Mosca le puso “Raid Padel” a su complejo de canchas en Daireaux.

Raid Padel, en Daireaux, a 400 kilómetros de la Capital Federal.

Raid Padel, en Daireaux, a 400 kilómetros de la Capital Federal.

Qué hay que saber antes de poner una cancha de pádel: cuánto sale construirlas y el tiempo que demanda

Aunque parezca mentira, una cancha de pádel se levanta en apenas dos días. Parece un negocio a prueba de ansiosos, pero lo cierto es que, una vez que el inversor se ponga de acuerdo con el constructor, pasarán entre 45 y 60 días hasta que vea llegar el camión al lugar con un equipo de entre seis y diez obreros que se moverán como una verdadera comunidad de hormigas organizadas. Y, en 48 horas sucederá el milagro: la pista estará terminada

¿Cuánto sale subirse al boom del deporte como propietario de una cancha? Se pueden buscar precios, pero el costo de la construcción de una pista de pádel (o el ensamble, dadas las nuevas características) no será menor a los 15.000 dólares y no debería superar los 20.000. En ese rango aparece el cachet de las empresas que se mueven por el corazón de toda la Argentina. Obviamente, habrá que sumar el costo del terreno, si es que el inversor no lo tuviera.

Esteban Genoud, de Look Pádel Courts, ofrece el precio en pesos, a mayo de este año: “Instalar una cancha tiene un costo de entre 3.000.000 y 3.500.000 de pesos. Dentro de ese valor tenés la pista completa”, nos cuenta el constructor. “Lo más difícil es tener el capital para invertir. Pero, una vez que el proyecto está funcionando, el mantenimiento es mínimo”, sigue.

Desde 2004, el pádel comenzó un lento crecimiento pero, desde 2019 (pandemia mediante) se presentó como un fenómeno imparable: “Nosotros estamos construyendo entre 25 y 30 canchas por mes”, agrega Lisandro Borges cuya empresa, World Padel Center, no sólo gestiona un complejo con varias pistas donde se ofrecen clases de pádel, sino que se dedican a la construcción de canchas y ahora sumaron un nuevo negocio: además de importar las paletas Nox, una de las más vendidas del mercado, se lanzaron a la construcción de palas de la marca española Wing.

¿Cuáles son los cuidados que debe tener una cancha? Una de las claves para que la pista de sintético extienda su vida útil es ser riguroso en el cuidado: “Se recomienda barrer, distribuir bien la arena y la limpieza del blindex, más que nada los días de humedad porque los vidrios que se mojan, y eso afecta al juego. Entonces, está bueno tenerlos limpios”, explica Genoud que aclara que no hay más ciencia que esa.

Un sueño: el club Boca Unidos de Corrientes armó su complejo de canchas a la vera del río. Foto: Instagram Look Pádel Courts

Un sueño: el club Boca Unidos de Corrientes armó su complejo de canchas a la vera del río. Foto: Instagram Look Pádel Courts

Otra opción que se ve cada vez más es el reciclaje de las canchas que se habían hecho en los 90 y se adaptaron a las nuevas tecnologías: “Todas las semanas recibo llamados de gente que está arreglando las canchas”, explican en Look Padel.

A pesar de que los constructores aseguran que no dan abasto desde que comenzó a superarse la pandemia en la Argentina y el mundo, Clemente Vergara, conductor del programa Show Pádel, explica que el resurgir del deporte fue paulatino: “Te diría que desde 2004 venía creciendo de a poquito. A partir de allí, hasta 2014 siguió progresando en silencio, pero desde 2014 en adelante, por varios factores, viene creciendo tres o cuatro escalones”.

“Muchas de aquellas primeras canchas, las de la gente del pádel, nunca dejaron de funcionar”, cuenta Antonio Storino, que administra Match Point, en Banfield. Cuando el deporte parecía haber desaparecido del radar de las multitudes, hubo circuitos que siguieron con vida. Con las clásicas pistas de cemento, alambre y más cemento en las paredes, hoy un objeto casi de culto, hay clubes que se mantienen de pie y fueron testigos de los vaivenes del deporte. Aprovecharon la explosión de la primera década, sobrevivieron a los 2000, en la década del 10 vieron el lento renacer y hoy se disfruta este nuevo furor.

De ayer y de hoy: una cancha en La Plata, con paredes de material y el piso con la nueva tecnología. Foto: Martín Bonetto

De ayer y de hoy: una cancha en La Plata, con paredes de material y el piso con la nueva tecnología. Foto: Martín Bonetto

Yo estoy en el pádel desde que se tenía que dejar picar la pelota antes de volear. Son los 90, cuando se vivió aquel boom; después, entre el 2000 y hasta 2008, se fue apagando la moda porque se metió mucha gente que no era del palo. Pero hubo gente que nunca paró. Yo retomé el club en 2015, después de irme un tiempo, y hoy está explotado”, cuenta Storino, cuyo complejo tiene dos canchas old style que siempre están ocupadas.

El Chuchy, como lo conocen todos el ambiente, continuó la tradición de su padre, Humberto, que vino de España en 1988 con la idea de poner una cancha de ese deporte que se practicaba de aquel lado del mundo. Y sigue en ese camino: “Acá jugamos pádel del viejo”, remarca Storino al tiempo que hace gala de su agenda nutrida de más de 800 contactos que le permite armar un partido o cubrir una baja inesperada en menos de cinco minutos.

De las Dabber de aluminio a la Bullpadel de Paquito Navarro: la evolución de la especie de las palas

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En los 90, nosotros jugábamos con paletas de madera que hoy te dan ganas de usarlas para hacer el fuego del asado”, explica muy gráfico Alejandro Lasaigues, que de todas formas hacía magia con su rústica Ur.ich de madera. “Si agarro una pala de 2010 o 2011, la diferencia es bastante grande en cuanto a sensaciones, comparadas con las de hoy”, se suma Manuel Martín, especialista en paletas e indumentaria de pádel.

Siguiendo las palabras de Lasaigues, de aquellas primeras clásicas COAST verdes, la Dabber Zeus o la Royal Paddle de origen nacional de los primeros tiempos, a estas máquinas que rondan los cien mil pesos hay un abismo. Es la Ferrari de Charles Leclerc contra la de Juan Manuel Fangio. O la Dunlop de madera que usaba Guillermo Vilas en 1966 contra las raquetas con grafeno que se usan ahora.

Una publicidad de Royal Paddle de 1989 grafica bien los primeros pasos de las primeras paletas. Acá, la teoría de la evolución: “1983, aluminio. 1984, resina fenólica. 1985, fibra de vidrio. 1987, carbono. 1988, boron”, dice el anuncio que habría el interrogante sobre el futuro, cuando los diarios aún se imprimían en blanco y negro. Y lo que venía era una revolución que cambiaría el deporte.

Un aviso de Royal Paddle de fines de los 80.

Un aviso de Royal Paddle de fines de los 80.

“Nosotros arrancamos con la clásica paleta de madera en el 87. Tenía una plancha de aluminio en cada cara. ¡Y después hicimos una de bronce! Pesaba más de medio kilo”, recuerda Alberto Di Battista, el fundador de la fábrica de paletas Dabber junto a su hermano Gal, que hoy es una de las cinco firmas nacionales que sigue fabricando. Para tener una referencia: la paleta Adidas que hoy usa Alejandro Galán, el número uno del ránking mundial, pesa entre 360 y 375 gramos.

Ahora estamos en un lugar donde las palas se cocinan como pan caliente. También en la fábrica de paletas más longeva de la Argentina: “Y la más vieja del mundo“, jura su alma mater. ¿El lugar? 149 y 65, Los Hornos, en la ciudad de La Plata. Aquí está la mítica Dabber de los hermanos Di Battista. Podría decirse que Alberto es el que vio el negocio y Gal es el “maestro paletero”.

Todo arrancó en 1984, cuando apenas existían Royal y la Castle Paddle, las primeras palas que salieron de un taller de carpintería. Los Di Battista, en cambio, eran metalúrgicos. Lejos de la frase de Pablo Picasso, “la inspiración existe, pero mejor que te agarre trabajando”, Gal Di Battista volvió del Club Arenas un día de aquel 84 a las dos y media de la mañana. Venía de jugar su primer partido de pádel y la cabeza le quedó a mil revoluciones. Así, en medio de la madrugada, Gal agarró un serrucho, una plancha de madera fenólica y la unió con un mango  improvisado. Después, dos planchas de aluminio (un elemento típico de su taller) que y usó como tapas y adhirió con pegamento. Taladro mediante, Gal agujeró la pala con precisión quirúrgica. Así, entre gallos y medianoches, aparece el eslabón perdido de las paletas argentinas: la primera Dabber.

La fábrica de paletas Dabber, en La Plata, en su mejor momento. 
Fotos Martín Bonetto

La fábrica de paletas Dabber, en La Plata, en su mejor momento.
Fotos Martín Bonetto

La fábrica de los Di Battista es testigo privilegiada de los vaivenes del pádel y también sobreviviente a cuatro décadas de crisis en la Argentina. “Las pasamos todas”, dicen. Soportaron la híper, pasaron por “un peso un dólar”, luego el corralito y la crisis de 2001 y hasta fueron estafados: “Empezamos a importar a España y países limítrofes y nos robaron la matriz: perdimos todos los mercados y años de trabajo. Tuvimos que empezar de cero”.

Dabber es una buena muestra de la resurrección y la explosión que vive el pádel desde 2019. Y, adaptando el dicho, para muestra, sirve una paleta. En la prepandemia los Di Battista fabricaban entre 80 y 90 por semana y hoy superan las 300 palas por semana: “Duplicamos la producción”, afirman.

Pero antes de las Coast, las Dabber y las Royal Paddle 3000 A (esta última, la primera paleta fabricada en serie en la Argentina), apareció una marca americana llamada Marcraft. Las primeras fueron construidas en el año 77 en los Estados Unidos y no se usaban para jugar al pádel exactamente, sino que eran de  otro deporte llamado paddle ball o paddle tenis. Después sí, entre el 83 y el 85, comenzaron a llegar las Marcraft Standard.

Sin ir más lejos, el mexicano Enrique Corcuera usaba una Marcraft en la casa de México en la que pensó que si construía seis paredes, le agregaba alambrados en los laterales y ponía una red en el medio, podía inventar un deporte divertido al que pudiera jugar prácticamente cualquiera. Es el nacimiento de la cancha de 20 por 10 y de este deporte.

En la Argentina, la revolución de las paletas llegó de la mano del entonces ex tenista Ricardo Cano, cuando apareció en los torneos del circuito profesional con una de las primeras paletas de goma. Es es el salto de calidad: las palas S.A.N.E. cambiaron el deporte. A partir de allí, la velocidad de los partidos y la potencia en los smash pasó a ser otra.

Es el paso a la nueva generación. “Después, cuando Sola creó la Evolution Alejandro Sanz se produjo el cambio total”, recuerda Di Battista. Muy similar a las actuales, aquella Sola Belgique era de goma, tenía garganta y sus tapas pintadas en tonos blancos y verde fosforescente eran un faro que llamaba la atención. “Fue una revolución, a partir de ahí todos empezamos a buscar hacer las palas con esas características y buscando un parecido en los colores”, recuerdan en Dabber.

Bonus track: qué paletas usan los profesionales y qué deben tener en cuenta los amateurs

El 25 de enero de 1993, en el mítico Superdomo de Mar del Plata se jugó el que fuera denominado como El Partido de la Historia. Allí se juntaron los cuatro mejores jugadores de la Argentina, y probablemente del mundo en aquella época, para regalar una exhibición inolvidable: Javier Maquirriain y Alejandro Lasaigues frente a Roby Gattiker y Alejandro Sanz.

Según recuerda el sitio Padel Retro, aquel día, entre los 4.000 espectadores que colmaron el Superdomo, la histórica carpa por la que pasaron desde Soda Stereo a Joan Manuel Serrat y donde brillara el club de básquet Peñarol, estaba Fernando Belasteguín, quien años depués tomaría el lugar de Lasaigues.

Tal como contaría Be​la años después, cuando terminó el partido, él fue uno de los chicos que rodeó a Sanz para pedirle la paleta. El Mago había sido el único de los cuatro profesionales que jugaba con una paleta de goma. En cambio, Lasaigues jugó con la histórica Ur.ich 2055 de madera. Lo mismo que Maquirriain y Gattiker que fueron con la Sola Belgique SBP Profesional. Uno, con el modelo “Maqui” y el otro con el “Roby”.

Martin Di Nenno, una de las figuras argentinas en el World Padel Tour.

Martin Di Nenno, una de las figuras argentinas en el World Padel Tour.

Si la S.A.N.E. de Cano (que había creado y patentado Carlos Daniel Pérez) fue la primera paleta de goma que introdujo un sistema antivibración mucho menos nocivo para las articulaciones, la Sola encontró la matriz que, más allá de algunos cambios de diseño y formatos, marcó el camino para la nueva generación de palas. Al final, Belasteguín no se llevaría el preciado tesoro, lo que no le impidió convertirse en el número uno años después. Y hasta poner su firma en la paleta que usaron miles de chicos. 

En 2022, el popular y carismático español Paquito Navarro juega con una Bullpadel Hack con forma Diamante. ¿Su costo? En Mercado Libre la pala de Paquito se consigue entre 92.150 y 107.520 pesos. Su compañero, el argentino Martín Di Nenno, también usa una Bullpadel Vertex 03 que cuesta unos $ 109.000.

Pero, si nunca jugaste o estás arrancando, seguramente todavía no definiste tu estilo. Entonces, surge la pregunta: ¿qué pala comprar?

Vamos con el diccionario (o “mataburro”, por qué no) de la paleta. Cuando vayas a la casa deportiva, o a la tienda online, vas a ver que se ofrecen tres tipos de paleta: con forma de “Diamante”, “Redonda” o “Lágrima”.

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La primera es una pala de ataque, con el punto “dulce” muy delimitado, apenas por encima del centro. Lo que quiere decir que vas a necesitar bastante precisión a la hora de impactar la pelota amarilla. La segunda ofrece más control porque ese punto “dulce” de impacto se amplía circularmente. Vale aclarar que, si tenés un palo muy fuerte (un buen smash), esta puede ser una buena opción. Por último, la tercera está en el medio de las dos y es muy elegida por su forma ovalada.

Por último, si vas a invertir para jugar al pádel, es clave un buen par de zapatillas. ¿En qué hacer hincapié? El pádel es un juego de frenos y arranques continuos, que provocan impacto en nuestro cuerpo por lo que el pie (sobre todo el talón) tiene que estar bien sujetado. Además, es clave el agarre no patinar en los piques repentinos. Para eso, hay dos tipos de suelas: las clay (o espigas) y las suelas omni o “con puntitos”. También hay una tercera opción que son las híbridas.

Para distinguirlas. Las clay, son las que traen las clásicas zapatillas de tenis y son todoterreno. Las de puntitos son más específicas de pádel y tienen mejor agarre en el césped sintético que hoy predomina en la mayoría de las canchas. Si sos indeciso, también está la chance de una suela mixta.  

Un fenómeno a nivel mundial alimentado por un show inigualable

La explosión del pádel que se vive en la Argentina, se replica en el mundo entero. Más alló de España, la meca del deporte que inicialmente tomó todos los must de nuestro país (las canchas, las marcas de paletas fueron las primeras que inundaron su mercado y hasta se llevaron a los mejores jugadores cuando la actividad cayó de este lado del mundo) el deporte vive un verdadero boom en todo el globo y la construcción de canchas es una buena muestra.

El sitio español Guía de Pádel Mundial está realizando un relevamiento de los clubes de pádel que existen en todo el mundo. Según le cuenta a Clarín Mariano Chiappe Fernández desde Tenerife, España tiene unos 3.800 clubes de pádel con más de 15.000 pistas. El caso de Italia, que cuenta con una superficie similar a la de la provincia de Buenos Aires, es notable y ya tiene más1.400 clubes que se multiplican en 3.500 canchas. Además, en Suecia se vive un crecimiento muy grande y ya se sumaron 900 clubes con una cantidad de pistas similar a la de los italianos.

Vale decir que, el crecimiento del World Pádel Tour hace lo suyo en la nueva explosión del deporte. Es que, si bien en la Argentina el pádel tuvo un tiempo sin exposición de casi una década, en el exterior nunca dejó de jugarse. Los Lasaigues (57 años) y Gattiker (54) de aquellos tiempos, más tarde encarnados en Fernando Belasteguín y hoy en los Di Nenno (25), Tapia (22) y Sanyo Gutiérrez (37) siguieron su carrera afuera, sobre todo en España, y se subieron a la gira mundial de pádel.

Ver un partido del World Padel Tour es una verdadera exhibición. Otro deporte. Allí están los mejores 100 jugadores del planeta padel, al menos por ahora. Es que, asoman los lobos. El negocio ha sido tan próspero, crece a un ritmo tan acelerado y el nivel de show tan alto, que el pádel vive una situación similar a la que atraviesa el golf con la LIV Golf Invitational Series, un circuito alternativo financiado por la monarquía saudí que, a golpe de billetera, amenaza con resquebrajar la hegemonía del PGA Tour.

Y hay nombres propios. Les debe sonar: Nasser Al-Khelaifi. Sí, el dueño del Paris Saint-Germain metió la cola con la Premier Padel Tour, una nueva gira mundial que arrancó con una fecha en marzo en Qatar repartiendo más de 500.000 dólares en premios. Parece el primer paso. Por ahora, ese centenar de mejores jugadores del ranking mundial tienen la obligación de formar parte del WTA hasta diciembre de 2023. Después de esa fecha, el tablero podría cambiar con una mudanza masiva de los top hacia el circuito manejado por Al-Khelaifi. El sueño de la Superliga Europea que intentó desbancar a la Champions League hecho realidad. Y por un árabe, claro.​

Está claro que el fenómeno del pádel es mundial. El WPT ya no se limita a España e incorporó fechas en los Estados Unidos (Miami), Bélgica (Bruselas), Dinamarca (Copenhague) y Austria (Viena). Lo mismo que la Premier que contó con una impactante fecha cuyas canchas se levantaron en el Foro Itálico, la sede del Masters 1000 de Roma de tenis. Y hay más: entre el 11 y el 17 de julio se jugará un torneo en el mismísimo complejo de Roland Garros. 

El pádel ante un Foro Itálico lleno de espectadores. (Twitter Premier Pádel)

El pádel ante un Foro Itálico lleno de espectadores. (Twitter Premier Pádel)

Y en ese mapa está la Argentina, claro. Con su fecha de WPT, los jugadores top a nivel mundial, sus 12.000 canchas que le pisan los talones a España y que no dejan de reproducirse, las fábricas de paletas e indumentaria de pádel que no paran de vender y la búsqueda de superar aquel número cercano a los cuatro millones de jugadores amateurs de los 90. Está todo dado para seguir creciendo y parece que esta vez lo del pádel no es sólo un veranito como en su primera experiencia. 

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